lunes 7 de febrero de 2011
lunes 28 de junio de 2010
Un loco suelto en la web
sábado 26 de junio de 2010
PROYECTOS DE UN PINTOR

Entre el abstracto y el fauvismo
Aquí, Bonello en primera persona:
jueves 17 de junio de 2010
Para el recuerdo: La oscuridad es Música, de Fernando Peña

“Decimos la verdad con música y la luz de una vela”, reflexiona Fernando Peña casi al final de la obra, luego de desdoblarse en tres personajes y dar vida a una familia judía de Brooklyn de los años 70.
Ailin, hija única de una pareja que dejó de amarse hace mucho tiempo, se enfrenta con un psicólogo que le va a mostrar su verdad. Para ello Ailin rompe el silencio que se había impuesto desde su infancia y se abisma a su propio absurdo. Pero quizás su analista, el Dr. Krandall, esté más perdido que ella y todo resulte un viaje por la neurosis de ambos… o no, y den un paso a la felicidad.
La oscuridad es música interroga sobre los mandatos familiares que atraviesan a las personas y que impiden una vida feliz. Y va un poco más lejos: ¿Quiénes somos? ¿Somos el mero reflejo de ese “otro” y de todos los que finalmente nos forman? Peña logró cuestionar los roles como imposición hasta en el mismo psicoanálisis.
La obra se desarrolló en un clima sórdido, lleno de pesadillas y locura. Fernando Peña llevó al escenario el mundo de cada personaje desde un minucioso tratamiento del cuerpo, de la voz y la gesticulación. Javier de Nevares interpretó al Dr. Krandall como actor invitado y conformó un dúo inmejorable con el actor uruguayo.
La pieza fue precisa, sin lugar para la improvisación –esa tan estilo Peña-, y mantuvo interesado al espectador desde el principio hasta el final.
Ficha Técnica:Textos, actuación y dirección: Fernando PeñaActor invitado: Javier de NevaresVestuario: María MauricioMaquillaje: Roman BongioanniPuesta y operación de luces: Horacio PiñeyroPuesta y operación de sonido: Ezequiel ‘Japo‘ Nakasone
Un año sin Fernando Peña
Porque al final, todo, todo, es un show, una tragedia que nos sentamos a mirar y que nosotros mismos estamos representando. Ese es uno de los postulados que Fernando Peña impartió desde su arte. El artificio de la vida. Basta recordarlo en su anti stand up americano “Sit down tragedy”, cuando después de que los espectadores estuvieran dos horas sentados se encendieran las luces y el actor despidiera a su público desde un sillón del escenario: “Si se vieran, esto es lo que tendrían que venir a ver, a ustedes mismos, que se quedan esperando a ver si voy a hacer otra cosa o si la obra terminó”.
sábado 12 de junio de 2010
Teatro a oscuras: La Isla Desierta
jueves 10 de junio de 2010
“Sigo creando obras nuevas para corregir obras anteriores”
Formado con maestros como Ricardo Bartis y Mauricio Kartun, Rafael Spregelburd ya lleva más de treinta obras de teatro estrenadas en Argentina y adaptadas para distintos países europeos. Escribe, dirige, actúa, colabora en producciones de cine y tiene una columna en el diario Perfil.
Tu teatro se aleja del realismo, despliega influencias muy brechtianas, ¿estás de acuerdo con que “el arte tiene que mostrar que la realidad bien podría ser de otra manera”?
¡Todo lo que me rodea podría ser mentira! Pero tengo la sensación de que de a poco uno va aceptando la realidad como algo natural para poder vivir más tranquilo. Soy conciente de que los lenguajes y los discursos construyen la realidad, por eso creo que en el teatro deben converger determinados lenguajes y discursos que den cuenta cómo se generó esa construcción, el espectador no debe sentir identificación, sino sobresalto.
Porque me fijo mucho en el procedimiento, algunas obras mías son sólo procedimiento, las llamo planes más que textos.
Como en “Lúcido”.
Exactamente. Y con “Lucido” tuve el agregado de ensayarla en simultáneo en dos idiomas, catalán y español, lo cual fue una muy grata experiencia. Para mí es más importante el proceso que el producto terminado porque evoluciono en el trabajo, en la interacción con otros, enfrentando problemas.
¿Cómo es el trabajo de pasar del texto escrito a la escena?
Ése es el trabajo. Escribir, para mí, es un momento de vuelo, siento completa libertad. Después me encuentro con los actores y componemos en conjunto y repetimos y corregimos. La obra nunca queda como la había pensado al principio, estoy convencido de que tiene que modificarse.
¿Es verdad que cambiás los textos y escenas después de cada ensayo?
Sí. No sé improvisar ni trabajo desde la improvisación. La corrección es imprescindible en cualquier trabajo artístico. Borges decía que sus textos nunca estaban terminados y coincido plenamente. Cuando la obra se tiene que estrenar, se cierra y se estrena, pero no sé si llega a terminarse. Sigo creando obras nuevas para corregir obras anteriores.
Después de haber trabajado en países como Inglaterra y Alemania, haber ganado reconocimiento y financiación para tus obras ¿elegirías alguno de esos países para quedarte?
Acá es todo mucho más difícil, desde conseguir auspiciantes hasta conseguir una sala, pero lo sigo eligiendo. A pesar de todo, Argentina es un país muy rico culturalmente. La mayoría de las compañías de teatro trabaja por la necesidad de expresarse. Probablemente, si hubiera nacido en Alemania no me hubiera dedicado al teatro porque mi vitalidad hubiera sido otra. En Europa el teatro responde a una estética determinada, se rige por parámetros conformes a la creación de una imagen, no hay ruptura, sino una misma línea cultural que se repite.
Nuestros Padres: marginación y desconsuelo
En el blog de la obra, se puede leer la siguiente leyenda:
Tres hermanas llegan a un viejo lugar abandonado.
Traen unos bolsos, parecen equecos.
Traen lo heredado y lo propio de una sociedad que vomita a los pobres.
Alguien tal vez debió hacer algo. No nos dimos cuenta de nada.
…son solo unas personas más que caen. Todos los que caen.
Un sistema perverso que se convierte en maquina asesina. Una maquinaria que viene marchando y avanza soberana.
¿Qué estamos representado?
Cruzar una puerta, pasar el umbral y de verdad preguntarse: ¿Que vamos a hacer con lo que han hecho de nosotros?
Esta pregunta final abre una serie de interregontes y reflexiones acerca de nuestra sociedad y los tiempos que corren. El Teatro, por fin actúa como desencadenante de aquellos tópicos que no podemos obviar en nuestros días.
Aquí el trailer de la obra...
El arte busca su espacio: Club Cultural Matienzo
Una Casa con teatro y más...
"Nos proponemos entablar un vínculo con los visitantes de la Casa Nacional del Bicentenario a través de visitas dinámicas, vivenciales y de actividades didácticas antes, durante y después del encuentro, teniendo en cuenta la transversalidad del festejo de nuestro Bicentenario", asegura Daniela Bonomo, coordinadora del Departamento de Educación.
El primer hippie

Bertold Brecht, dramaturgo, poeta y hippieDe alguna menera, la inquietud de Brecht y de sus compañeros tenía una inclinación de contracultura y de atención sobre lo que vendría: la guerra. Se estaban anticipando a una época de crisis y muerte, y también de gran florecimiento artístico y cultural. Porque como todo momento de crisis, esa involución llevó a muchos pensadores y creadores a imaginar diferentes posibilidades de vida, a contestar a las políticas de estado con nuevas propuestas.
Brecht se oponía al teatro burgués contemporáneo. Buscaba una estética que uniera sus ideales políticos y éticos con las formas y los contenidos de sus obras. No creía en el teatro como medio de entretenimiento, sino como vehículo ideológico y espejo de las fuerzas humanas. Por eso propueso una teoría de distanciamiento: el espectador no debe reconocerse en lo que ve, sino que debe dudar de ello, debe sobresaltarse. La realidad, un marco construido y definido por intenciones humanas, puede ser de varias y diferentes maneras, ese era el mensaje. La realidad definida como construcción. Propuesta claramente marxiana que se adscribía al realismo socialista y reclamaba una toma de conciencia por parte del espectador.
Si bien la década de los 60 y 70 es reconocida como el momento de aparición de jóvenes que se oponían a la cultura de consumo de Esatados Unidos y buscaban la paz y la hermandad en el arte y en formas de vida en comunidad, en Europa ya había aparecido un grupo con esa propuesta. Lo que siguió fue el "flower power", la psicodelia y Woodstock. Brecht ya se había adelantado a todo eso con su teatro contestatario.
martes 8 de junio de 2010
SOBRE LA TEORÍA TEATRAL

martes 1 de junio de 2010
Kartun, siempre Kartun...
El autor de Chau Misterix, La casita de los viejos, Pericones, Sacco y Vanzett, esta vez ofrece otra genialidad: Ala de Criados, en el Teatro del Pueblo.
Una auténtica representación en la cual se desteca Alberto Ajaká.
Aquí, el trailer de Ala de Criados...
viernes 28 de mayo de 2010
LA REVANCHA DEL AURA

“La tecnología aplicada al arte canceló lo aurático de la obra y la democratizó”, escribió el filósofo Walter Benjamin en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica en 1936 y anunció un cambio radical del hombre y su experiencia frente al arte moderno. Hoy, el videoarte y las intervenciones lumínicas retoman la cuestión: se proyectan sobre pantallas gigantes, edificios y lugares no convencionales sorprendiendo al espectador en su vida cotidiana y constituyéndolo como receptor activo.
En el marco de “La noche de los museos”, se realizó “Abre tus ojos”, una intervención de videoarte que iluminó cinco espacios estratégicos de la ciudad de Buenos Aires. En la Plaza San Martín se proyectó un video sobre la base conceptual de lo público y lo privado, que, llevado delante de transeúntes cotidianos, logró reforzar esta idea. “También existen obras donde el concepto es la misma intervención de un espacio público, sea un video que se proyecta sobre la escultura de una plaza o bien una instalación interactiva. Lo imprescindible es que el espectador participe activamente”, explicó Sebastián Zabronski, miembro de “conceptinprogress”, el grupo de artistas que produjo el video.
La noción de interactividad es inseparable de este tipo de trabajos. El público participa para completar las obras y, al mismo tiempo, ellas intervienen sobre el espacio y la cotidianidad del espectador. Según Zabronski, la utilización de tecnología provoca una sacudida espacio-temporal sobre el receptor que elabora una reflexión sobre su relación con la obra y su propia identidad.
Desde el lugar que se lo mire, la democratización que alientan las tecnologías digitales, posibilita, hoy, la revitalización de las múltiples lecturas, el retorno del aura benjaminiana. Lejos del hermetismo y a través de la interactividad, los artistas electrónicos crean algo incompleto que requiere de su exposición para realizarse. Las intervenciones urbanas traen la “revancha” del aura.
Hace ya casi nueve años, el reconocido artista Rafael Lozano Hemmer fue el encargado de llevar a cabo un proyecto que reflejara la identidad mexicana para festejar la llegada del nuevo milenio. El resultado fue “Alzado Vectorial”, una instalación interactiva en el Zócalo, la plaza central de la ciudad de México.
Lozano Hemmer diseñó una página de Internet desde la que se le permitió a los internautas de cualquier continente diseñar esculturas de luz que se proyectaron después desde 18 cañones localizados alrededor de la plaza con una potencia que lograba que la luz se viera a 15 kilómetros a la redonda.
“Alzado Vectorial”, además de repercutir como intervención urbana y asaltar al público en su vida diaria, logró la participación conjunta de gente común que se atrevió a contribuir desde su computadora. Potenciada por las tecnologías, la obra resultó una creación de 800.000 personas de todo el mundo, un verdadero acto democrático.
lunes 26 de abril de 2010
¿Cómo Clarín logró una redacción digital?

El periodista y Tuitero @alvaroluizzi Liuzzi fue invitado por TEA para dar una charla de Periodismo Digital.
jueves 15 de abril de 2010
La Paranoia
Cine, teatro… en fin, ficción
Hagen, Klaus, Julia y un robot son convocados en un hotel de Piriápolis para cumplir la misión. Son los encargados de crear esa ficción tan particular que piden las inteligencias. ¿Por qué ellos? Un matemático que no puede hacer operaciones simples sin calculadora, un ex astronauta deprimido que se automedica, un robot con fallas y una escritora encargada de dirigirlos. ¿Cómo podría complementarse este cuarteto delirante?
El director, autor y actor de la obra, Rafael Spregelburd, se animó por primera vez a la tecnología. Las escenas no sólo transcurren sobre el escenario, sino también sobre una proyección audiovisual en una enorme pantalla. Resulta una obra de teatro-cine que conjuga las dos artes creando dos espacios de ficción que se necesitan para resolver lo que cada historia por sí sola no puede contar.
Las tres horas de la obra transcurren con total dinamismo. No hay minutos de más, con ideas originales y humor inteligente, la historia logra que el espectador se llene de interrogantes que envuelven una trama compleja y difícil de desenredar. ¿Qué es la ficción? ¿Qué es la realidad? Spregelburd propone algunas respuestas.
La obra se presentó en el marco del IV Festival Internacional de Buenos Aires y ganó el premio Casa de las Américas de Cuba.
Ficha técnico artística
Autoría: Rafael Spregelburd
Actuan: Andrea Garrote, Monica Raiola, Pablo Seijo, Rafael Spregelburd, Alberto Suárez
Vestuario: Julieta Alvarez
Iluminación: Esteban Lahuerta, Rafael Spregelburd
Diseño sonoro: Daniela Goggi, Ignacio Masllorens, Agustín Mendilaharzu, Juan Schnitman
Diseño visual: Daniela Goggi, Ignacio Masllorens, Agustín Mendilaharzu, Juan Schnitman
Edición de video: Sebastián Toro, Alejo Varisto
Música original: Pablo Chimenti, Hernán Kerlleñevich, Nicolás Varchausky
Fotografía: José María Pigu Gómez
Diseño web: Marco Cartolano
Asistencia de vestuario: Catalina Willimburgh
Asistencia de dirección: Francesc Jiménez Llinás
Colaboración artística: Héctor Díaz
Dirección: Rafael Spregelburd
viernes 9 de abril de 2010
Una propuesta alternativa: teatro ciego

Una obra de Roberto Arlt, La isla desierta, representada por no videntes en un espacio totalmente ausente de luz.
El teatro ciego es teatro que prescinde de la vista. La propuesta consiste en un espectáculo en la oscuridad total que puede seguirse a través de sonidos, fragancias y sensaciones como viento, lluvia, mar.
La isla desierta lleva 7 años en cartel, más de 1.000 funciones y tiene un espacio propio: el Centro Argentino de Teatro Ciego, “un lugar nacido desde la necesidad de desarrollar una actividad artística diferente, convirtiéndose así en una usina de creación cultural con la inclusión social como eje”; así se presenta en su página web.
Más allá de alcanzar características del así llamado “teatro experimental”, el teatro ciego es teatro llevado a escena por no videntes que dan cuenta de su realidad con una perspectiva artística y sensible, alejados de cualquier discurso que pretenda compasión o lástima. Trabajan a modo de cooperativa para financiar su propia capacitación y los cursos que se dictan en el mismo teatro.
La obra es interpretada por el Grupo Ojcuro, reunido por José Menchaca desde el 2001 con actores no videntes que hacían teatro en la Biblioteca Nacional para Ciegos y que Menchaca continúa dirigiendo actualmente.
De qué va la obra
Un viaje. O muchos: el de cada espectador. Desde la ausencia total de luz el grupo de teatro Ojcuro logra llevar a su público a una oficina llena de bullicio y hacinamiento donde los empleados emprenden una travesía imaginaria por Madagascar, Shangai y una selva amazónica.
Tomados de los hombros entran uno a uno los espectadores –o mejor, los soñadores, oyentes o exploradores- a una sala totalmente obscura, donde la dimensión espacial se pierde, el oído se agudiza y los sentidos se potencian.
El café mañanero, un jefe refunfuñón y un puñado de linotipistas en su tarea. La escena se relata a partir de un aroma, un diálogo y un incesante teclear apurado. Y así surge la imagen como representación mental: a partir de todos los sentidos menos el de la visión.
Cipriano, el ordenanza, invita a los oficinistas –y al público- a un paseo por el mundo. Los demás son personajes encerrados en la rutina, presos del trabajo y alejados de cualquier contacto con sus deseos. Escuchan pasar los buques del otro lado de la ventana y añoran otro tipo de vida. Cipriano ha viajado y va a contar lo que vivió para que todos puedan viajar con él.
Un bote pesquero y la tormenta, luego bicicletas y pescado frito en la China para llegar más tarde a una selva y a una fiesta entre negros y tambores. El viaje resulta la huída del automatismo generado por el ritmo laboral de un grupo de gente que sólo cuenta con su imaginación; medio que los transporta a ellos y conduce al público por esas aventuras.
La carga argumental de la obra de Roberto Arlt es de un dramatismo precioso, pero se desdibuja en esta adaptación para llegar a un tono casi cómico o de farsa dramática con algunos chistes fáciles. Definitivamente lo que magnifica al grupo Ojcuro es la experiencia de “vivir” la historia que transmiten desde la no videncia.
Ficha técnica
Actores: Gerardo Bentatti, Laura Cuffini, Mirna Gamarra, Marcelo Gianmmarco, Eduardo Maceda, Francisco Menchaca, Juan Carlos Mendoza, Verónica Trinidad
Sonido: Cruz Aquino
Prensa: Walter Duche, Alejandro Zárate
Producción general: Gerardo Bentatti
Dirección: José Menchaca
martes 6 de abril de 2010
Maneries: La potencia de la forma

"El lenguaje se ha desprendido de nosotros. Estamos hablando de la imagen misma o es la imagen quien nos está hablando. Ahora sólo necesitamos un cuerpo", anuncia el programa de Maneries, la última creación del coreógrafo Luis Garay y la performer Florencia Vecino.
Empieza la función: un escenario vacío, una mujer inmóvil y un sonido inarmónico. Pasan algunos minutos, la mujer apenas se mueve, el sonido continúa intermitente. Algo va a pasar, pero subyace sin una manifestación concreta y genera una tensión in crescendo entre el público y el cuerpo de la bailarina.
Hierve la energía y comienza la agitación. Florencia Vecino corre, salta, gatea, repta y construye una significación no convencional del cuerpo en movimiento. Lleva al lenguaje de la danza a lo indecible, al límite. La música del DJ Mauro Ap acompaña las vibraciones de ese organismo y desde una computadora ejecuta un ritmo minimalista.
La performer llega a una exposición total en lo anímico y en lo físico. Se desviste y se desespera: abraza la pared y se arrastra por el piso. Muestra a un ser que grita por salir de su cuerpo y estalla en conmoción y poesía.
Maneries propone múltiples significaciones, es una obra que exige una contemplación activa. El espectador experimenta diferentes intensidades, tiempos y velocidades. La obra descompone el signo, el lenguaje y da cuenta de la potencia de la forma, la imagen y el cuerpo.
Ficha artístico-técnica:
Creación: Florencia Vecino & Luis Garay
Performer: Florencia Vecino
Música original y en vivo: Mauro AP
Idea & Dirección: Luis Garay
Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034)
lunes 5 de abril de 2010
La humilde oscuridad busca una grieta perdida
El espejo refleja y necesita de un narciso que se pose frente a él. El narciso necesita un rayo de luz que lo ilumine para que sea visible. Los narcisos sin luz no existen. Todo lo que la luz no toca es oscuridad. Un espejo en la oscuridad es un vidrio muerto. La oscuridad existe y siempre grita silenciosa. Los que trabajan sin ser reflejados son más que los otros. ¿La luz es sinónimo de éxito? Imposible saberlo. La luz es repercusión. Es reflejo. Es visibilidad. Es multiplicarse en el aire y darse a conocer. A diferencia de lo invisible, lo que se ve se sabe que existe. Lo visible se difunde. Se enseña. Deja huellas.
Las Torres Gemelas se erguían como bastiones espejados que bajaban del cielo. Imponentes, tomaban baños de luz a diario. El reflejo de ellas era ensordecedor. No se sabía cuál de las dos era más narcisista. Pero no tenían problemas de convivencia. Siempre viajaban juntas. Se multiplicaban en el aire y aterrizaban en todos lados: cuadros con luces de neón en un bar de una esquina cualquiera, tazas hogareñas, infinitas postales y en las fotos que les sacaban a ellas. Con ellas de fondo, o con los cuadros con luces de neón de fondo. Pero jamás hubiesen sospechado que tenían los días contados.
Bajo aquel cielo urbano escribió Tom Wolfe El Artista invisible: la vida de un escultor brillante que nunca tuvo brillo en un país donde abundaba la luz y los espejos. Su nombre era Frederick Hart. “Murió diez minutos antes de que la historia lo absolviera y demostrara que estaba en lo cierto”, sentenció Wolfe. Y con mucha más intuición que certeza agregó: “Hart se habría contentado con encontrar cuatro líneas de un crítico que condenará su obra, algo, cualquier cosa que demostrara que en el mundo del arte había alguien, aunque sólo fuera un grosero, que sentía algún mínimo interés por su obra”. Pero nadie lo hizo.
En esa misma Gran –e ingrata- Manzana, trece años antes del Nine Eleven y doce antes del ya visible artículo del padre del nuevo periodismo, el crítico de arte australiano Robert Hughes plasmó en papel otra historia tan elocuente y precisa como la de Frederick Hart. Pero en este caso, desnudó a un joven artista, quien fue un boom del arte contemporáneo. “Jean-Michel Basquiat era la prueba de que se podía salir directamente del huevo sin necesidad de esperar”, metaforizó Hughes. Y detalló: “Abandonó el bachillerato y apenas puso un pie en una escuela de arte, pero eran los ochenta, y se convirtió en una estrella”.
Él fue un príncipe de una moda pasajera. “Ni siquiera sabía dibujar correctamente”, concluyó Hughes.
Basquiat tuvo un triste desenlace: murió de sobredosis y sus obras ya no eran valoradas.
Los dos periodistas evidencian el desplazamiento de los genuinos artistas que quedan silenciados por la moda reinante -que sí sabe que tiene los días contados- y se aprovecha de su sensualidad y astucia dominante. Calla a todos aquellos que con trabajo y dedicación buscan ser valorados. Tocados por ese rayo glorioso de luz que tanto necesitan para reflejar el verdadero mensaje.




